Ancho de banda: qué es y cómo influye en tu velocidad de internet

Cuando contratamos una conexión a internet, uno de los términos que más escuchamos es ancho de banda. Aparece en los anuncios, en las facturas y en los resultados de los tests de velocidad, pero muchas veces no queda del todo claro qué significa ni cómo afecta realmente a la experiencia de navegación. Por eso, Een este artículo te explicamos qué es el ancho de banda, cómo funciona en tu red doméstica, cómo medirlo y qué puedes hacer para aprovecharlo al máximo.

¿Qué es el ancho de banda?

El ancho de banda es la capacidad máxima de transmisión de datos que una conexión puede soportar en un momento determinado. Se mide en megabits por segundo (Mbps) o gigabits por segundo (Gbps), y determina cuántos datos pueden circular entre tu dispositivo y la red.

Imagina una autopista: cuantos más carriles tenga, más coches podrán circular a la vez. Del mismo modo, un mayor ancho de banda permite que más información viaje simultáneamente, lo que se traduce en descargas más rápidas, vídeos en streaming sin interrupciones y una navegación más fluida.

El ancho de banda no solo depende de tu tarifa contratada, sino también del tipo de conexión (fibra, ADSL, red móvil) y de la infraestructura de red disponible. En conexiones con tecnología FTTH, por ejemplo, el ancho de banda disponible es mucho mayor y más estable que en conexiones de cobre o cable coaxial.

Diferencia entre ancho de banda vs velocidad de internet

Aunque se utilizan como sinónimos, ancho de banda y velocidad de internet no son exactamente lo mismo. El ancho de banda indica la capacidad total del canal de comunicación, mientras que la velocidad es la cantidad real de datos que viajan por ese canal en un momento concreto.

Un ejemplo: puedes tener una conexión con 600 Mbps de ancho de banda, pero si en ese instante estás descargando algo a 300 Mbps, esa es tu velocidad efectiva. Si varios dispositivos comparten la conexión al mismo tiempo (ordenadores, móviles, televisores), el ancho de banda se reparte entre ellos, y la velocidad percibida por cada uno disminuye.

Por eso, un buen ancho de banda no garantiza siempre la máxima velocidad, especialmente si hay muchos equipos conectados o si la red está saturada.

Ancho de banda vs latencia

Otro concepto que suele confundirse con el ancho de banda es la latencia. Mientras el ancho de banda mide la capacidad del canal, la latencia mide el tiempo que tarda un paquete de datos en viajar de un punto a otro.

Podemos decir que el ancho de banda se refiere a cuánto puedes enviar o recibir, y la latencia a cómo de rápido llega la información. Ambas influyen en la calidad de la conexión, pero de forma diferente. Una red puede tener un gran ancho de banda y una latencia alta, lo que provocará retrasos en videollamadas o juegos online.

Si quieres profundizar en este concepto, te recomendamos leer el artículo sobre latencia en Internet, donde explicamos por qué afecta tanto a la experiencia de uso.

Cómo funciona el ancho de banda en una conexión a internet

En una red doméstica, el ancho de banda se distribuye entre todos los dispositivos conectados al router. Cada dispositivo que utiliza internet (un móvil viendo vídeos, una consola descargando juegos, un portátil con videollamadas) consume una parte de esa capacidad.

Cuando la demanda total supera el ancho de banda disponible, se produce lo que llamamos congestión de red. En esos momentos, la velocidad baja para todos los dispositivos, y la conexión puede volverse lenta o inestable.

Los routers modernos suelen incorporar funciones de gestión de tráfico (QoS o Quality of Service), que permiten priorizar ciertas actividades, como videollamadas o juegos online, para mantener la fluidez incluso si otros dispositivos están descargando archivos grandes.

También influyen factores externos, como la distancia entre el dispositivo y el router, las interferencias WiFi o el uso de cables y equipos antiguos que no soportan velocidades altas. En estos casos, puede parecer que el ancho de banda es insuficiente cuando, en realidad, el problema está en la red local.

Para aprovechar todo el ancho de banda, intenta priorizar conexiones por cable Ethernet en equipos críticos (PC, consola o smart TV), coloca el router en una zona central y elevada para reducir pérdidas por obstáculos y, si tu equipo es dual band, conecta los dispositivos que más consumen a 5 GHz (más rápida y menos congestionada) y deja 2,4 GHz para la domótica y móviles. Si tu router permite QoS, puedes dar prioridad a videollamadas o juegos cuando la red esté muy concurrida.

Cómo medir el ancho de banda de internet

Medir el ancho de banda de tu conexión es muy sencillo. Basta con realizar una prueba de velocidad online, que evalúa la capacidad de descarga, subida y latencia de tu red. 

Este tipo de test mide la velocidad efectiva de tu conexión en ese instante, lo que te da una idea del ancho de banda que realmente estás utilizando. Para que la medición refleje tu capacidad real, realiza el test de velocidad de O2 en estas condiciones:

  • Conecta el ordenador por cable Ethernet directo al router y cierra descargas o copias en la nube.
  • Repite la prueba a distintas horas para detectar congestión.
  • Si por WiFi los resultados son peores, prueba cambiando de canal o usando la banda de 5 GHz.

Si los resultados son mucho más bajos que lo contratado, puede que haya un problema con la red interna, el router o la configuración del operador. En esos casos, conviene contactar con el servicio técnico.

Cómo calcular el ancho de banda necesario para tu hogar

El ancho de banda ideal depende del número de dispositivos conectados y del uso que hagas de internet. No es lo mismo una persona que solo navega y usa redes sociales que una familia con varios televisores en streaming y consolas online.

Como referencia, podríamos decir que:

  • Un hogar con uso básico (navegar, redes sociales, correo) puede funcionar bien con 100 Mbps.
  • Un hogar con uso intensivo (teletrabajo, clases online, streaming en alta definición) debería tener al menos 300 Mbps.
  • Si hay varios usuarios jugando online, viendo contenido 4K o haciendo videollamadas simultáneas, una conexión de 600 Mbps o superior te garantiza fluidez y estabilidad.

Si, aun cumpliendo esos escenarios, notas que la conexión se “queda corta”, puede que necesites aumentar la velocidad contratada. Antes de hacerlo, revisa que la instalación interna no sea el origen del problema: cables deteriorados, una mala ubicación del router o una red WiFi saturada pueden limitar la velocidad real aunque el ancho de banda contratado sea suficiente. En cualquier caso, optar por una conexión FTTH garantiza un ancho de banda más estable y constante, con menor pérdida de rendimiento incluso en horas de alta demanda.